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Banca: auge, fulgor y muerte de los siete grandes

elconfidencial.com recopilado por Sindicato Alta - 09/07/2019

 

Reunión de la Confederación Española de Cajas de Ahorro con el ministro de Trabajo para la probación de sus estatutos, 1928

Los siete grandes son ya historia, pero durante años, el oligopolio bancario fue una realidad que rozó la obscenidad. Hoy, los bancos medianos se han comido a los grandes.

Año 1913, España es un hervidero. Hace unos meses, el presidente del Consejo de Ministros, el liberal José Canalejas, ha sido asesinado frente a la librería San Martín, en plena Puerta del Sol de Madrid, por el anarquista Pardiñas. Su sucesor, el conde Romanones, jefe de una de las facciones del Partido Liberal, está con el agua al cuello y no sabe cómo consolidar el Protectorado español en Marruecos, fruto, un año antes, de los acuerdos con Francia para repartirse el territorio.

Romanones, con enormes intereses económicos personales en la zona del Protectorado, decide reunir a los banqueros de la época. Por su despacho pasan, en orden de importancia, los presidentes del Banco Hispano Americano, Banco Español de Crédito, Banco de Gijón, Banco de Bilbao, Crédito de la Unión Minera, Banco de Barcelona y Banco Hispano-Colonial. Los siete grandes de la época, como los que se reunían en los años ochenta y primeros noventa para hacer ''lobby'' frente al Gobierno, casi siempre en el Banco Central invitados por Alfonso Escámez.

Se trata, obviamente, de un ucronía, pero la lista refleja una realidad incuestionable: ninguno de lo siete grandes de la época existe. Unos han desaparecido en la más absoluta ruina y otros se han fusionado. Aunque la lista se ampliara a los primeros 50 nombres de la banca española, ninguno existe hoy. Solo hay dos excepciones, el Banco Santander (1856), que medio siglo después de su nacimiento ocupaba la decimonovena posición de la banca española por depósitos, y el Banco Sabadell (1881). Muy por detrás de entidades tan variopintas y hoy completamente olvidadas como la Banca Arnús y Garí, el Crédito Navarro, el Banco de San Sebastián, y en una situación pareja al Banco de Cartagena gracias a disponer de unos depósitos equivalentes a 6,6 millones de pesetas de la época.

En la lista se incluyen el Banco de Soller, el Banco de Tortosa, el Banco Castellano, La Vasconia o el Banco de Tolosa. ¿El más pequeño? El Banco de Felanitx, situado en la localidad balear del mismo nombre, con 100.000 pesetas a precios corrientes en depósitos de sus clientes.

Los datos aparecen en ''Archivos Hhistóricos de la banca'', una publicación del Banco de España que acaba de aparecer y que refleja la intensa transformación del sistema financiero, que nació, como en otros países, pegado al territorio y a los caciques locales, pero que hoy se asienta fundamentalmente en Madrid.

 

Repatriación de las colonias

Hace poco más de un siglo sucedía lo contrario. En 1913, solo dos bancos de los 45 que custodiaban por entonces depósitos de sus clientes tenían su sede social en la capital de España. Bilbao, Barcelona, Asturias (Oviedo y Gijón) y hasta Mallorca tenían más bancos que Madrid, que, sin embargo, tenía los dos primeros: el Banco Hispano Americano (1900) y el Banco Español de Crédito (1902), en ambos casos espoleados por las políticas reformistas del ministro de Hacienda, Raimundo Fernández Villaverde, y por la repatriación de capitales traídos de las antiguas colonias.

Muchos bancos, pero también muy concentrados, lo que explica que en 1934 los seis grandes bancos —ya por entonces el Hispano Americano, Urquijo, Español de Crédito, Bilbao, Vizcaya y Central— controlaban el 64,5% de los depósitos bancarios, lo que da idea del oligopolio bancario en los años anteriores a la Guerra Civil. Entre otras cosas, porque la Ley Cambó, de 1921, “no favorecía la competencia” de la banca extranjera con la nacional, como sostiene el historiador económico Pedro Tedde de Lorca, y que posteriormente el franquismo mantuvo. La banca era cosa de unos pocos.

Lo paradójico es, precisamente, que gracias a que la banca se benefició de la protección del Estado (una especie de nacionalismo financiero, habida cuenta de sus ramificaciones en la industria) cuando llegó el ''crash'' de 1929 las consecuencias fueron muchos menores, también porque al no estar anclada la economía española en el patrón oro, el Banco de España del Gobierno de la República pudo hacer una política monetaria más flexible.

 

Bienes raíces

Como han dicho muchos especialistas, ese oligopolio atravesó como hierro fundido en mantequilla todos los años de la dictadura, pero ya en competencia con la banca pública, especializada en actividades económicas específicas: financiación de la agricultura, la pesca o los ayuntamientos, además del Banco Hipotecario (1872), que nació no para financiar la adquisición de viviendas sino para monetizar los bienes raíces del patrimonio publico. Aunque en paralelo también actuaban las cajas de ahorros, que en 1935 llegaron a ser 222 entidades, de las que 85 estaban confederadas en lo que hoy sería la CECA.

La guerra lo cambió todo. España, en 1936, llegó a tener las terceras mayores reservas de Europa y las cuartas del mundo (tras EEUU, Francia e Inglaterra), pero las sucesivas ventas a la Unión Soviética dejaron esquilmadas las reservas. La dureza de la posguerra hizo el resto y fue entonces cuando la dictadura (mediante la Ley de Ordenación Bancaria de 1946) convirtió la banca privada en parte del sistema político, toda vez que se impusieron barreras de entrada a nuevas entidades crediticias. El oligopolio se hacía oficial. El control era tan intenso que, hasta 1960, los bancos no pudieron conceder préstamos por un plazo superior a los 90 días. Aunque se podían renovar de forma continuada, la intervención del Estado dejaba bien claro quién mandaba.

Como recuerda el estudio, la legislación vigente condicionaba la apertura de nuevas sucursales a una serie de requisitos, como que no existieran competidores en la localidad donde se pretendía abrir la sucursal. ¿El resultado? A comienzos de los años sesenta, el número de oficinas bancarias por cada 10.000 habitantes era en España de 0,87, frente a 1,88 en Italia o 2,35 en Alemania. El cártel en estado puro con la anuencia del Estado.

 

Plan de Estabilización

Solo las liberalizaciones que trajo el Plan de Estabilización (1959) cambiaron el ''statu quo''. Y si en 1960 había en España 2.505 oficinas bancarias, en 1975, a la muerte del dictador, ya había 7.539, el triple.

La gran transformación se había materializado, pero, al contrario de lo que suele creerse, los ganadores no fueron los grandes bancos (aquellos con una cuota de depósitos al 8%), sino los medianos, como el Santander, que fue escalando posiciones a base de comerse a los rivales. En 1975, el banco de los Botín era ya el sexto más pequeño por depósitos de los siete grandes (Banesto Hispano, Central, Bilbao, Vizcaya y Popular), mientras que otros medianos como Ibérico, Coca, Pastor, Urquijo o Atlántico tomaban posiciones. También Banca Catalana, aquel intento de articular una estructura financiera en torno al nacionalismo. Todos cayeron con la crisis de los setenta, que se extendió hasta 1983 (Rumasa).

Si en 1936 la guerra lo había cambiado todo, la entrada de España en la UE (1986) supuso también un antes y un después. Aquellas salidas y entradas clandestinas por la puerta lateral del Banco Central, la que da a la calle Barquillo, empezaron a ser mal vistas. Era hasta obsceno ver a los banqueros cómo se fotografiaban sin pudor en torno a una mesa, y no solo para entregar una bandeja de plata por la jubilación de algún colega. Los siete grandes comenzaron a dispersarse, y hoy estamos ante un bipartidismo financiero ciertamente imperfecto.

Hoy, incluso, los archivos históricos de la banca española están a disposición del público. Incluidos los del Banco de España.

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