Publicado por El Español y recopilado por Sindicato Alta - 10/04/2026 Última hora
El alto el fuego de dos semanas pactado entre Estados Unidos e Irán ha cambiado de golpe el mapa de las expectativas sobre los bancos centrales. El precio del petróleo ha bajado en torno a un 13%, lo que ha disparado las bolsas y relajado, de momento, el miedo a un nuevo shock inflacionista.
La tregua ha propiciado un giro en las expectativas de tipos de interés que maneja el mercado. Sin embargo, debido a la fragilidad del acuerdo, los inversores no han vuelto al guion anterior a la guerra.
Ahora esperan que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) baje los tipos de interés en una sola ocasión a lo largo de 2026 y dejan en dos las subidas del Banco Central Europeo (BCE).
Antes de que comenzase el conflicto en Oriente Próximo, el consenso del mercado apuntaba a una desaceleración ordenada de la economía estadounidense, compatible con varios recortes de tipos por parte de la Fed.
Los futuros de tipos llegaron a descontar hasta tres recortes de 25 puntos básicos por parte del banco central estadounidense, el equivalente a una rebaja acumulada de 75 puntos básicos a lo largo del ejercicio.
Ese escenario se apoyaba en una inflación en clara desaceleración, un mercado laboral todavía sólido y la idea de que la Fed podía empezar a normalizar su política monetaria sin poner en riesgo el crecimiento.
Con los tipos en el rango de entre el 3,5% y el 3,75%, la Fed estaba prácticamente condenada a la inmovilidad, con el mercado descontando una pausa prolongada antes de iniciar los recortes.
El estallido del conflicto en Irán y la amenaza sobre el estrecho de Ormuz barrió buena parte de ese optimismo.
El fuerte repunte del petróleo dio aire, en los momentos de mayor tensión, a la idea de una subida adicional de 0,25 puntos en la segunda mitad de 2026.
La tregua ha desinflado ese escenario extremo. A día de hoy, el mercado sólo da credibilidad a un único recorte de tipos de 25 puntos básicos, que los analistas sitúan hacia finales de verano y siempre que la inflación subyacente siga acercándose de forma sostenida al objetivo del 2%.
Los expertos de Generali Investments están de acuerdo con ese escenario, aunque advierten de que la institución presidida por Jerome Powell "no tiene ninguna prisa por relajar su política mientras las presiones inflacionistas sigan presentes”.
En Federated Hermes subrayan que "esta inflación no proviene de un exceso de demanda que la Fed podría frenar con una subida de tipos" y que, por tanto, no tiene sentido responder al golpe actual de los precios energéticos con un nuevo ciclo de endurecimiento.
A su juicio, "si la guerra termina antes de mucho tiempo, podríamos ver un escenario de crecimiento continuo en Estados Unidos", ya que "la buena salud básica de la economía estadounidense podría devolver el apetito por el riesgo a los mercados".
Una bajada y dos subidas
En el caso del BCE, en cambio, el movimiento ha sido el opuesto: de un escenario de tipos congelados se ha pasado a descontar dos subidas adicionales en 2026.
Antes de la guerra, los mercados daban prácticamente por hecho que la institución presidida por Christine Lagarde mantendría los tipos sin cambios durante todo 2026, consolidando el nivel actual del 2%.
La debilidad del crecimiento en la eurozona, la moderación de la inflación y el recuerdo de errores pasados llevaban a pensar que el BCE mantendría los tipos sin cambios durante bastante tiempo.
La crisis en Oriente Próximo ha modificado de forma significativa ese escenario. El encarecimiento de la energía y los problemas logísticos asociados a la amenaza sobre el estrecho de Ormuz golpean de lleno a una economía europea muy dependiente de las importaciones de petróleo y gas.
En el pico de tensión, los inversores llegaron a descontar más de tres subidas de tipos de 25 puntos básicos por parte del BCE en 2026.
Ese escenario extremo se ha suavizado con el anuncio de la tregua, pero el mercado no ha vuelto al punto de partida. Los inversores apuestan ahora por dos alzas adicionales de 25 puntos básicos. Hasta 50 puntos básicos de endurecimiento acumulado.
Este giro ha encendido las alarmas entre los analistas. Entidades como Renta 4 recuerdan que "no tiene sentido responder a shocks de oferta de petróleo con unas subidas de tipos que nada pueden hacer para recuperar dicha oferta" y piden al BCE que no asfixie la economía con una sobrerreacción.
Otras casas, como Generali Investments, admiten que el BCE tendría argumentos para mantener los tipos sin cambios, pero advierten de que Fráncfort podría optar por una "subida de seguridad" de 25 puntos básicos simplemente para no parecer complaciente frente al repunte de los precios.
El telón de fondo de esta divergencia entre la Fed y el BCE es una paz tan necesaria como precaria.
Irán y Estados Unidos han pactado un alto el fuego de dos semanas, ligado a la reapertura del estrecho de Ormuz y a negociaciones en Islamabad —la capital de Pakistán—, que sobre el papel debería normalizar el tránsito de crudo y aliviar las tensiones de suministro.
En la práctica, la desconfianza es total. Teherán exige a Washington elegir entre "alto el fuego o continuar la guerra a través de Israel" y denuncia una "masacre" en Líbano.
A su vez, la Administración estadounidense mantiene la presión: promete que Ormuz seguirá abierto, amenaza con una ofensiva "más grande y más fuerte" si se incumple el acuerdo y advierte de aranceles del 50% a los países que armen a Irán.
De momento, el mercado se mueve en un delicado equilibrio. Descuenta un único recorte de tipos en la Fed y dos subidas en el BCE, celebra el respiro que aporta la tregua y el desplome del petróleo, pero mira de reojo a Ormuz y a Islamabad.
Si la "tregua de cristal" —como denominan en Renta 4 a este alto el fuego— resiste, el guion previsto para los bancos centrales podría cumplirse con relativa calma. Si se hace añicos, el mapa de tipos volverá a reescribirse en cuestión de horas.