Publicado por El Economista.es y recopilado por Sindicato Alta - 16/04/2026 Última hora
A dos semanas de la reunión de política monetaria de abril del Banco Central Europeo, el organismo parece haber decidido que todavía no es el momento de subir los tipos de interés en la zona euro, a pesar de las presiones inflacionistas que están llegando a Europa por la guerra en Oriente Medio. Fuentes del BCE que quieren mantener el anonimato han asegurado a la agencia Bloomberg que el Consejo de Gobierno de la institución se inclina claramente por no subir los tipos en la reunión del próximo 30 de abril, a la espera de ver qué ocurre con la guerra en Oriente Medio, y a pesar de que las últimas perspectivas de inflación del banco central para el año 2026 se han incrementado con fuerza debido a la guerra.
El organismo no quiere plantear subidas de tipos en este momento por miedo a cometer un error que les haga perder credibilidad, y las fuentes declaran a la agencia que los episodios inflacionistas de 2022, y también el error que cometió Jean Claude Trichet en 2011, cuando presidía el banco central, de subir los tipos para luego tener que revertir rápidamente esta decisión, están muy presentes, y el BCE quiere evitar a toda costa cometer un error de este calibre con una subida de tipos prematura.
Este es el gran riesgo que corre el BCE en caso de decidir subir los tipos en abril. Un movimiento de este tipo contribuirá a enfriar el crecimiento y la actividad económica, y tanto los mercados, como los ciudadanos europeos, lo pueden considerar un grave error en caso de que la inflación finalmente no sea tan fuerte como se teme, o incluso, si el conflicto se resolviese en próximas semanas, algo que dejaría al BCE en fuera de juego y le forzaría, probablemente, a tener que corregir su decisión, con la pérdida de credibilidad que eso conlleva.
Las fuentes del banco central advierten que los datos disponibles de cara a la reunión al cierre de abril no son suficientes, ni ofrecen respuestas definitivas, sobre el impacto económico de la guerra. De hecho, subir tipos en una reunión en la que el Consejo de Gobierno no cuenta con una actualización de las previsiones macroeconómicas, algo que se lleva a cabo en marzo, junio, septiembre y diciembre, sería arriesgado y estaría fuera de lugar frente a lo que es habitual para el BCE.
Esta misma semana, Christine Lagarde, presidenta del BCE, ha declarado en una entrevista en Bloomberg Televisión que, si bien el banco central debe ser "completamente ágil" con los tipos de interés, en este momento "no está inclinado por subirlos". Habrá que esperar a tener más información económica al respecto, y a confirmar que la guerra no se prolonga más de lo esperado en Oriente Medio.
Además, el mercado ya ha reaccionado a la guerra con ventas de bonos que han incrementado el interés a vencimiento de estos títulos, algo que se entiende como una subida de tipos por parte del mercado (el BCE sólo mueve la referencia, pero lo que afecta a la economía real es cómo adaptan los mercados, y los distintos actores económicos, sus tipos de interés cuando el banco central retoca su tipo de referencia), algo que también convence a los miembros del Consejo de Gobierno de que lo más adecuado en este momento es esperar y ver. El bono alemán a 10 años ha incrementado su rentabilidad a vencimiento casi 40 puntos básicos desde que empezó la guerra, y ha pasado del entorno del 2,6% a consolidarse por encima del 3%.
Paralelismos con los errores históricos de Trichet
El BCE parece tener claro que es más fácil que el gran público acepte una decisión precipitada por su parte, si esta es una bajada de tipos, pero que el error de un aumento de tipos en un momento inadecuado es algo imperdonable y difícil de borrar en la memoria de los mercados y los ciudadanos. Es el caso de los dos grandes errores que cometió Jean Claude Trichet, en 2008 y 2011 (este último es el que quedó más fresco en el recuerdo), cuando, en su mandato al frente del BCE, subió los tipos en mal momento y tuvo que dar marcha atrás.
El primer error fue en julio de 2008, cuando el BCE, en plena crisis financiera, decidió subir los tipos del 4 al 4,25% para intentar contener una inflación que corría al 4% interanual. Este último dato ponía al BCE en un aprieto, ya que suponía una tasa que duplicaba el objetivo del organismo, pero el banco central no midió bien el impacto que llegaría después por la crisis y por su decisión de, no sólo mantener los tipos o no bajarlos, sino de subirlos en ese momento tan delicado.
Los precios empezaron a crecer a ritmos por debajo del objetivo del BCE rápidamente, y en noviembre el organismo se vio obligado a bajar los tipos. Lo importante era, según señalaban entonces los expertos, que Trichet hubiese aprendido la lección, pero no lo hizo, ya que no pasaron ni tres años hasta que el francés volvió a repetir el mismo error.
Fue en 2011, en abril, cuando el presidente del BCE, después de dos años de tipos en mínimos históricos, consideró que era el momento de subir el precio del dinero, del 1% al 1,25% en la tasa de referencia, para "contener las presiones inflacionistas que hemos observado en los últimos meses" explicó entonces. En julio repitió este movimiento y llevó los tipos al 1,5%, en un momento en el que la crisis de deuda europea estaba formándose. Con esta medida contribuyó a empeorar la situación, y con los años, su error, bautizado como el "trichetazo", se consideró un grave error de política monetaria que tuvo que subsanar su sustituto, Mario Draghi, en noviembre de 2011.
En el error de Trichet se puede encontrar un paralelismo con la situación actual, que, seguramente, es lo que quieren evitar a toda costa los miembros del BCE en este momento: el aumento de la inflación de 2011 fue temporal, más propiciado por el incremento de los precios de la energía y shocks externos que por una demanda fuerte y crecimiento económico sobreacelerado en la zona euro, algo en lo que pueden encontrar similitudes en la situación actual.
Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis Gestión, así lo ha advertido a finales de marzo, al señalar cómo "subir los tipos de interés debido a una guerra no tiene lógica. No se puede combatir un shock de oferta de corto plazo con un endurecimiento monetario. Los precios que aumentan por el conflicto no caen por la subida de tipos, y lo único que se conseguiría es dañar más a los pequeños negocios y a las familias, al aumentar los costes de financiación".
La realidad es que la economía en este momento no parece sobrecalentada, y el propio BCE redujo sus perspectivas de crecimiento económico con fuerza en la reunión de marzo, debido a la guerra.