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Los analistas admiten que la subida de tipos del BCE recuerda al error de 2011, pero la alternativa puede ser peor

Publicado por El Economista.es y recopilado por Sindicato Alta - 08/06/2026 Última hora

Los economistas creen que subir los tipos en el entorno actual es peligroso No subirlos con la inflación acelerando y amenazando las expectativas es un riesgo El PIB de la zona euro se ha contraído por la fuerte caída de la economía de Irlanda

Esta semana llega una cita clave para el Banco Central Europeo (BCE). Es una cita clave porque es una de esas reuniones que puede quedar señalada en la historia para bien o para mal, determine una cosa o la contraria. Todo hace indicar que la subida de tipos es un ''trato hecho'', sin embargo, muchos economistas creen que subir el precio del dinero con la economía de la zona euro en contracción (el último dato de PIB así lo confirma) es un error de libro que amenaza con traer de vuelta a los fantasmas de 2011, cuando una subida de los tipos en una eurozona de capa caída ayudó a encender la mayor crisis que ha tenido el bloque monetario hasta la fecha. Las dudas son tales, que incluso se llegó a especular con la posibilidad de que el BCE no subiera tipos finalmente si había un acuerdo para abrir el Estrecho de Ormuz.

La determinación del BCE para mantener su reputación de control de la inflación corre el riesgo de llevarlo a cometer un error perjudicial en su reunión de esta semana, advierten los economistas. Aunque el banco central haya evitado subir los tipos de interés desde el estallido de la guerra con Irán, los funcionarios parecen ahora convencidos de que es necesario un aumento de los tipos para frenar el alza vertiginosa de los precios de la energía, que podría desencadenar un repunte inflacionario generalizado. Sin embargo, la cautela sigue siendo una prioridad, dado que la economía de la eurozona se tambalea y los inversores corren el riesgo de interpretar cualquier medida como la primera de una serie.

No hay decisión buena

Hay otra cara que se mira menos y también es peligrosa. No hacer nada, no subir los tipos cuando la inflación está superando el objetivo del 3% y el petróleo ronda los 100 dólares el barril también puede ser un error. Un error que tiene un paralelismo mucho más reciente. El BCE fue de los últimos bancos centrales en subir tipos durante la crisis inflacionaria posterior a la pandemia y su tardanza fue clave para generar una inflación de doble dígito en la zona euro. Nadie sabe cuál es la decisión que ''envejecerá'' bien, lo que sí se sabe es que esta decisión del jueves es una de las más peligrosas de los últimos años.

Los tipos de interés actúan como el moderador en la economía de la demanda, la inversión y el crédito. Si el BCE no sube los tipos de interés en esta reunión, la demanda y la inversión (inmobiliaria, por ejemplo) podrían seguir mostrando cierta fortaleza impulsando aún más los precios a través de una mayor demanda de materias primas, materiales de construcción, trabajadores... lo que ayudaría a generar los temidos efectos de segunda ronda en la economía. Sin embargo, la subida de tipos también puede ser una señal de que el BCE no va a dejar que la inflación se expanda y podría tener el efecto opuesto al descrito anteriormente, dándole la puntilla al crecimiento económico. La decisión es un puro ''trade-off'' entre crecimiento o inflación, ahora el BCE debe decidir que prefiere o que es mejor para la zona euro.

Este dilema lleva a algunos analistas a argumentar que el BCE puede esperar un poco más para evaluar la persistencia del impacto, especialmente mientras EEUU e Irán trabajan para alcanzar un acuerdo de paz. Advierten de que una medida prematura podría evocar las subidas de tipos ampliamente criticadas de hace 15 años, que posteriormente se revirtieron al agravarse la crisis de deuda europea.

La clave está en la "credibilidad"

"El BCE parece empeñado en demostrar su credibilidad", afirma Davide Oneglia, de TS Lombard. Las subidas de tipos de 2011 fueron un claro error de política monetaria, y repetirlo representa uno de los mayores riesgos a los que nos enfrentamos, dado que el BCE está tan centrado en las expectativas de inflación y las secuelas de la experiencia de 2022. El BCE respondió a los temores inflacionistas en 2008 y 2011 y se vio obligado a revertir rápidamente las subidas ante la recesión económica.

Los responsables políticos, desde la alemana Isabel Schnabel, miembro del Consejo Ejecutivo, hasta el moderado gobernador del Banco Central de Grecia, Yannis Stournaras, sugieren que ya no pueden ignorar el impacto de la crisis energética y deben mantener la confianza en el compromiso del BCE de mantener la inflación en el 2%. Lo que hace que la subida de tipos parezca ya un ''trato hecho''.

El último dato para el euro (formado ya por 21 países) alcanzó el 3,2%, y es probable que se acelere aún más. Incluso excluyendo los costes de la energía y los alimentos, las presiones subyacentes se han incrementado drásticamente. Mientras tanto, los planes de las empresas para aumentar los precios son elevados. Las expectativas de los hogares sobre la evolución de la inflación también lo son.

"El riesgo de desanclar las expectativas de inflación está aumentando", advertía Schnabel la semana pasada. Hay miedo a que la pasta de dientes (la inflación) comience a salirse del tubo, luego meterla es casi misión imposible. No todos comparten esta preocupación. Algunos analistas afirman que el aumento de la inflación subyacente podría deberse a factores que van más allá del impacto en el sector energético. Otros, por el momento, no ven indicios de presiones alcistas excesivas en indicadores como los salarios. "Cuando el BCE sube los tipos antes de que haya pruebas sólidas de los efectos de la segunda ronda, se arriesga a un endurecimiento injustificado y asume un riesgo", comenta Michala Marcussen, economista jefe del grupo Société Générale en declaraciones a Bloomberg.

Las ''palomas'' del BCE

Dentro del Consejo de Gobierno, muy significativas han sido las apariciones del español Luis De Guindos, hasta ahora vicepresidente de la institución y ahora de salida de la misma. De Guindos, que ya no estará en la reunión de junio y que siempre ha hecho gala de cierta centralidad en el Consejo, ha insistido en los riesgos para el crecimiento de precipitarse con el endurecimiento de la política monetaria. "Tenemos que tener en cuenta el impacto sobre el crecimiento. Si nos fijamos en los indicadores cualitativos y de confianza, estos apuntan claramente a un impacto significativo sobre el crecimiento", insistió en declaraciones recientes.

Regresando al nutrido campo de los analistas, algunos directamente no se andan por las ramas. Es el caso habitual de Paul Donovan, economista jefe de UBS, quien cree que el BCE "parece firmemente decidido a seguir adelante con su inminente error de política monetaria". Cuando el otro día se iba a publicar el IPC de la eurozona relativo a mayo, Donovan se marcó el siguiente comentario: "Los datos sobre la inflación de los precios al consumo de la zona del euro correspondientes a mayo no tienen ninguna relevancia porque: a) ya conocemos los datos regionales y b) el BCE parece decidido a cometer un error de política monetaria y subir los tipos de interés independientemente de las señales económicas".

En un comentario anterior explicaba sus postulados precisamente a raíz de las declaraciones hechas por la alemana Schnabel defendiendo: "Schabel, del BCE, abogaba con firmeza por un error de política monetaria, al pedir una subida de los tipos de interés en junio debido a que la guerra en Irán ha perturbado la producción de petróleo y las cadenas de suministro mundiales. No está claro cómo una subida de los tipos por parte del BCE contribuirá a la reconstrucción de las refinerías de petróleo del Golfo. Schabel advirtió de que habría efectos de contagio, lo que parece referirse a la consecuencia automática en los precios de los bienes con un componente energético (como las tarifas aéreas), sobre los que el BCE no puede influir, más que a efectos de inflación de segunda ronda".

No obstante, pese a las apreciaciones de este tipo, la coyuntura la marca el cierre continuado de Ormuz y unos precios del petróleo demasiado pegados a los 100 dólares, lo que seguirá presionando al BCE y decantando la balanza hacia las preocupaciones inflacionarias, sintetiza desde Commerzbank. En el último análisis del banco alemán se pone el foco en el siguiente movimiento del BCE tras la descontada subida de junio, y todo apunta a que el banco central optaría por una nueva subida que podría darse ya en julio o en septiembre, cuando habrá nuevas previsiones macro.

"Dados estos riesgos inflacionarios, prevemos que la subida de tipos de la próxima semana irá seguida de otra. No se puede descartar que el BCE actúe ya en julio. Sin embargo, nos parece más probable una medida en septiembre, sobre todo porque los economistas del BCE presentarán sus proyecciones de otoño y ofrecerán una nueva evaluación general de la situación en ese momento. Aunque la situación en el Golfo Pérsico se habrá aliviado para entonces en nuestro escenario, es probable que el BCE quiera dar una señal de que está abordando los riesgos inflacionarios, dados los crecientes efectos indirectos y las mayores expectativas de inflación", escribe su analista Marco Wagner.

Pese a esa ''prontitud '' en volver a actuar pese al debate imperante, desde el banco alemán creen que las casi tres subidas de tipos de interés prevista por el mercado para principios de 2027 son demasiado (dos subidas parece algo más creíble). "Anticipamos que la segunda subida será la última por el momento. Esto se debe a que es probable que los precios de la energía hayan bajado aún más para finales de año, reduciendo así el riesgo de efectos indirectos persistentes", remacha Wagner.

Con todo, el BCE llega a esta cita con una decisión clara, pero no con el resultado de la misma. El error tras el covid (ir tarde con las subidas) está reciente, mientras que la fortaleza del petróleo y los nacientes efectos de segunda ronda parecen suficiente para impulsar al BCE a subir los tipos de interés.

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