Publicado por La Razón y recopilado por Sindicato Alta - 20/06/2026 Última hora
La decisión del Banco Central Europeo (BE) de elevar los tipos de interés en 25 puntos básicos constituye una respuesta adecuada ante el repunte de los riesgos inflacionistas derivados de la guerra de Irán y del encarecimiento de la energía. La autoridad monetaria cumple así con la misión que le encomiendan los tratados: preservar la estabilidad de precios.
Nada hay más importante para un banco central que mantener el valor de la moneda, porque pocas amenazas son tan dañinas para una economía como la inflación. La inflación erosiona el poder adquisitivo, reduce el valor del ahorro, distorsiona las decisiones de inversión y genera una redistribución arbitraria de renta. Es, en definitiva, un impuesto oculto que castiga especialmente a las rentas medias y bajas. Por ello, cuando aparecen riesgos de desanclaje de las expectativas inflacionistas, el banco central debe actuar con rapidez y determinación.
La situación actual presenta una complejidad añadida. La guerra de Irán está provocando un fuerte incremento de los costes energéticos y amenaza con extender sus efectos al conjunto de la economía europea. El BCE ha revisado al alza sus previsiones de inflación y a la baja las de crecimiento, reconociendo que el conflicto genera riesgos inflacionistas y deteriora las perspectivas económicas.
Nos encontramos, por tanto, ante un escenario que recuerda a los episodios más preocupantes de la historia económica reciente: el riesgo de estanflación. Es decir, una combinación de crecimiento débil con inflación elevada. Se trata de una de las situaciones más difíciles para cualquier autoridad económica, porque obliga a combatir simultáneamente dos problemas que exigen respuestas aparentemente contradictorias. Precisamente por ello resulta imprescindible no perder de vista cuál es el mandato del BCE. Su objetivo no es impulsar el crecimiento económico ni financiar a los gobiernos. Su misión es garantizar la estabilidad monetaria.
Ahora bien, la subida de tipos, siendo correcta, no puede convertirse en la única herramienta de política monetaria. Existe el riesgo de creer que basta con aumentar el precio oficial del dinero mientras se mantiene un volumen extraordinario de liquidez en el sistema. Esa estrategia sería insuficiente.
Milton Friedman recordaba que la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario. Más allá de perturbaciones temporales de oferta, los procesos inflacionistas sostenidos sólo pueden mantenerse cuando existe un exceso de dinero respecto a la producción de bienes y servicios. Por ello, una política monetaria verdaderamente restrictiva no debe limitarse a elevar los tipos, sino que debe reducir de forma efectiva la cantidad de dinero en circulación. En este sentido, el BCE debe acelerar la reducción de su balance.
Riesgo
Durante años, las compras masivas de deuda pública y otros activos inyectaron enormes cantidades de liquidez en el sistema financiero. Aunque parte de ese balance ha comenzado a reducirse, el proceso sigue siendo insuficiente para normalizar plenamente las condiciones monetarias. Si los tipos suben, pero el exceso de liquidez permanece, la presión inflacionista puede reaparecer con facilidad. La abundancia monetaria continúa alimentando la demanda agregada y facilita que los incrementos de costes terminen trasladándose al conjunto de los precios. La política monetaria pierde eficacia cuando intenta frenar la inflación únicamente mediante el precio del dinero mientras mantiene todavía una oferta monetaria excesiva. Además, esta cuestión adquiere especial relevancia en un contexto de expansión fiscal generalizada. Muchos gobiernos europeos continúan aumentando el gasto público y acumulando un déficit estructural elevado. Ese incremento permanente del gasto introduce una presión adicional sobre la demanda agregada y dificulta la tarea de los bancos centrales. Por ello, la respuesta al actual escenario no puede limitarse al ámbito monetario.
Europa necesita reformas profundas que impulsen el crecimiento potencial de sus economías. Es imprescindible eliminar trabas regulatorias, reducir cargas burocráticas, flexibilizar mercados, fomentar la inversión productiva, disminuir el gasto, bajar impuestos y fortalecer los incentivos al emprendimiento y al trabajo. Las reformas estructurales permiten aumentar la capacidad productiva de la economía y absorber mejor los shocks externos sin generar tensiones inflacionistas. Cuando la oferta crece con mayor rapidez, los aumentos de demanda encuentran respuesta en una mayor producción y no únicamente en precios más elevados.
La experiencia demuestra que las economías más abiertas, flexibles y competitivas soportan mejor los episodios de incertidumbre internacional.
La decisión del BCE de subir los tipos es, por tanto, correcta y necesaria. Ignorar los riesgos inflacionistas sería un grave error. Sin embargo, la lucha contra la inflación exige coherencia. El endurecimiento monetario debe completarse con una reducción decidida del balance de la institución y con una política fiscal más responsable por parte de los gobiernos.