Publicado por El Mundo y recopilado por Sindicato Alta - 06/06/2026 Última hora
La prensa salmón del país se inundó durante año y medio de páginas donde se narraba el avance diario de la segunda OPA hostil del sector bancario vivida en España, tras la protagonizada por Banco de Bilbao sobre Banesto hace 39 años. Fueron meses de un trabajo intenso en las redacciones de los periódicos. Tras una de las firmas más reconocidas del sector nacional figura Raquel Lander, periodista del diario ''Expansión'', que siguió muy de cerca la batalla librada entre BBVA y Banco Sabadell. De sus vivencias, unas ya desveladas, negro sobre blanco, y otras no, nace el libro que presenta estos días: ''Secretos de una OPA feroz: Así ganó Josep Oliu una enconada batalla financiera y política'', publicado por La esfera de los libros.
¿Cuándo empezaste a escribir el libro?
Yo tomé la decisión de escribirlo una vez conocido el desenlace de la OPA. Fue a raíz de ver el resultado tras año y medio de batalla empresarial. La victoria tan épica de Sabadell fue lo que me llevó a escribirlo.
PREGUNTA. Entiendo que ninguno de ellos tampoco se lo esperaba...
Nadie, ni analistas, ni los propios directivos de BBVA y Sabadell... Fue una operación que generó muchísimo interés, muchos artículos de prensa a lo que se sumó que, a posteriori, me fui enterando de algunas cosas más, que no se conocían, y decidí que había que contárselo a la gente para que tuvieran la foto completa, incluidos más ángulos extrafinancieros, como la guerra publicitaria y política.
RESPUESTA. ¿Recuerdas una OPA con tanta implicación social? Con tanta campaña publicitaria, tanto comentario por parte de la gente...
No, porque no vivíamos una opa hostil en el sector bancario desde la del Banco Bilbao sobre Banesto en los años 80. La gente con la que hablábamos decía que no recordaba semejante movilización y ruido mediático, ni con tanta implicación ni de accionistas, ni de políticos... Sabadell dice en sus cuentas anuales que destinó a publicidad 63 millones en 2025. El dato de BBVA no ha trascendido, pero pudo multiplicar varias veces esa cifra, según fuentes financieras. En Cataluña fue la campaña empresarial más fuerte jamás vista.
P. Las OPAs al final se pierden por el precio, pero ¿cuánto peso crees que tuvo el tema político, el social o el respaldo del empresariado catalán en el fracaso de la operación?
R. En mi opinión, BBVA claramente subestimó la importancia de la política en un sector tan regulado como el bancario. Creo que hubo errores de cálculo y exceso de confianza. Al final la OPA fracasó porque la aceptación accionarial fue muy baja, pero se politizó desde el minuto uno al lanzar la operación tres días antes de unas elecciones catalanas. Carlos Torres pensó que la oposición de Pedro Sánchez del principio era una pose y que se suavizaría cuando llegara la operación al Consejo de Ministros y eso no se cumplió. Tenía un escenario muy optimista en la cabeza. La política influyó mucho, aunque al final si fracasó fue por la falta de apoyo de los accionistas. ¿Y por qué? Hubo un exceso de confianza. Por lo que he podido averiguar a posteriori, BBVA no fue a ver a todos los accionistas y grandes inversores como dijeron sus directivos y a muchos de ellos acudieron muy al final. Consiguieron lo más difícil, que era el ''sí'' del financiero mexicano David Martínez, y ahí se confiaron porque los grandes fondos no le secundaron y no fueron a la opa.
P. De esas cosas que se cuentan y que no se sabían, una de ellas es el famoso intento de fichaje de Gabriel Martínex, ex dircom de Sabadell, cuando trabajaba ya fuera del banco. ¿Cómo fue este movimiento?
R. Fue algo que conocí de casualidad intentando buscar una mirada más catalana a esta operación. Y es uno de los pasajes que más ha llamado la atención porque Gabriel Martínez es muy conocido, ya que desde hace un año el máximo responsable de comunicación del F.C. Barcelona. A Gabriel Martínez le intentaron fichar en el escaso lapso de tres días que se produjo entre el ''no'' de la cúpula de Sabadell a la propuesta de fusión amistosa de BBVA y el lanzamiento de la OPA hostil. Paul G.Tobin [entonces responsable de comunicación de BBVA] llamó a Martínez: "Oye, ¿quieres venir a BBVA?" No le dijo nada más, pero vio claro que se venía una compra hostil y que lo que le estaba ofreciendo era ''hacerse un Figo''.
P. La OPA todavía ''colea'' nueve meses después de haberse cerrado. Durante el proceso, que fue largo, se jugó con los límites de la regulación en muchos aspectos, se intentó ganar utilizando maniobras por ambos bandos, algunas de ellas desconocidas y otras que fueron un rumor a voces en el mercado...
R. Sí, Sabadell, por ejemplo, contactó con accionistas de Unicaja y de Abanca para intentar boicotear la operación con una fusión amistosa con otro banco mediano. En Unicaja no encontraron receptividad. En Abanca sí, y avanzaron, por lo visto, bastante. El problema era que, si llegaban a un acuerdo, necesitaban someterlo a la aprobación de la junta de accionistas y, al final, frenaron porque pensaron que a lo mejor no conseguían su apoyo. La operación se alargó 500 días y eso dio margen a la cúpula de Sabadell a hacer muchas cosas para defenderse y dejar obsoleta la oferta económica de BBVA. La primera, devolver la sede otra vez a Cataluña. Esto fue un guiño a sus accionistas para demostrar que era un banco catalán a todos los efectos y un regalo al recién nombrado presidente de la Generalitat, Salvador Illa. Daba carta de naturaleza a la normalización institucional después de años convulsos por el procés independentista. Ese regalo era un elemento adicional de presión para que Pedro Sánchez pusiera palos en las ruedas a la operación de BBVA. Carlos Torres daba por hecho que Sabadell movería la sede. Lo que sí le pilló con el pie cambiado fue la venta de TSB en Reino Unido para prometer un macrodividendo a sus accionistas. La CNMV exigió que el traspaso fuera aprobado en junta, tal y como marca la ley. Mi sensación es que la CNMV hizo una interpretación laxa del deber de pasividad en este proceso.
P. ¿Qué fue lo que más te sorprendió de esta OPA?
R. El resultado final. Pensaba que la batalla iba a estar más reñida y también la alta movilización social y empresarial en muchísimas comunidades autónomas. La lucha para evitar la desaparición de un banco muy vinculado al tejido industrial consiguió poner de acuerdo por primera vez en algo a partidos de todas las ideologías. Esta OPA ha dado una victoria épica a Cataluña después de años complicados de agrio enfrentamiento y polarización. La junta de accionistas de la vuelta a casa de Sabadell me pareció bastante emocionante también. Y, desde el punto de vista financiero, ha quedado en evidencia que la ley de OPAs debe revisarse porque tiene muchas fisuras. El mensaje que queda es que no se puede subestimar nada de lo que rodea a una operación financiera. El mercado bancario más grande que tiene BBVA a nivel nacional es Cataluña tras la compra de varias cajas, y el resultado de esta OPA ha demostrado que no tenía allí el arraigo que creía. No tenía las suficientes antenas puestas para darse cuenta de que, o elevaba mucho el precio de la opa, o la operación podía fracasar. El 40% de los accionistas de Sabadell son minoristas, en su inmensa mayoría pequeños empresarios y autónomos. El 30% de ellos son, a su vez, clientes del banco y eso ha sido decisivo porque lo que les preocupaba de verdad es que la desaparición de Sabadell se tradujera en una reducción y encarecimiento del crédito. Carlos Torres fue innumerables veces a Cataluña, pero no había un caldo de cultivo creado. BBVA contemplaba un escenario muy optimista. Pensaba que en ocho meses máximo la operación estaría hecha; no calibró bien.
P. ¿Esperas algún movimiento más corporativo en el sector bancario?
R. No. Ahora mismo ningún banco está en situación de debilidad que es lo que te lleva a ceder parte del control. Ningún accionista quiere vender. La economía marcha bien, la morosidad está bajo mínimos, los bancos están holgados de capital, no hay paro... Dudo mucho que en tres años veamos movimientos.